lunes, 31 de diciembre de 2012

Todos estaremos de acuerdo


Deja de resolver todas las cuestiones con un al final todos estaremos de acuerdo. ¿De acuerdo en qué? Ni el pueblo, ni la raza, ni la clase. No hay acuerdo universal posible. Dejen la conciencia de solidaridad humana para aquellos que la sientan, y a los demás déjenlos en paz. Porque no, no hay una solución que sirva para todas las criaturas que pueblan el planeta.

Mi lucha puede no ser tu lucha, quizás sí, pero no lo des por supuesto.

[Agrupémonos todos en la lucha final]. Seguramente lograrás agrupar a muchos usando toda clase de convicciones y coerciones, pero aunque Ledesma Ramos, envuelto en su delirio triunfante de camisas negras, hablara de la muerte del individualismo, éste aún sobrevive a pesar de todo.

Es cierto. En muchas ocasiones hay que tener más cuidado con los nuestros que con los de enfrente. Tampoco es conveniente reírse con aires de superioridad al ingenioso que dijo aquello de ten cuidado con tus utopías no vaya a ser que se hagan realidad. Esos queridos nuestros que con un par de a priori y unos pocos más de dogmas han resuelto el mundo sin ver cómo con sus verdades se encierran en sus torres de marfil.

[El bien más preciado es la libertad, hay que defenderla con fe y valor] Libertad, ¿para qué? Se jactaba Lenin ante un krausista hispano viajero en la Rusia sovietista. Pues él fue de los inteligentes, de los que entendía cómo funcionaba el mundo para vergüenza de tanto curita (regular, secular o laico), aunque por supuesto también pensaba poner a todo el mundo de acuerdo, quisiéranlo o no. Y contra él combatiremos. Pero lejos de santificar la voz libertad, me quedo con Max Stirner: Yo. La propiedad. La individualidad.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

De la huelga y otras necesidades psicológicas


Hoy es uno de los mejores días del año para no ver la televisión, leer periódicos digitales ni contestar a nadie que te quiera hablar de la huelga. Precisamente esa es mi lucha personal: no llenar de visitas los vídeos sobre piquetes en las cocheras, sobre declaraciones de políticos ni sobre detenidos por la policía. No colaborar en hacer trending topic a asuntos con bobadas escritas en menos de ciento cuarenta caracteres. No sé qué grado de efectividad tendrá la huelga general del 14 de noviembre de 2012 para SalirdelaCrisis, supongo que más o menos la misma que ir a la romería del Rocío a pedirle a la Virgen. Lo que sí sé es que desata pasiones. Tiene algo de catársico llevar la banderola de plástico de Comisiones o UGT (verdaderas enseñas nacionales que unen a toda la clase asalariada española), poder recorrer las avenidas y que los comercios se cierren a tu paso… vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de huelga, parafraseando a Serrat.

Sí, la huelga es totalmente irrelevante para SalirdelaCrisis, pero tampoco es la destrucción de la economía ni la que echa por tierra la marca España. Me molestan dos cosas ante situaciones como esta: primero, que la más débil noción del individualismo como valor ético a defender quede enterrada en una maraña de unanimidades sociales y victimización colectiva; segundo, que la inercia de indignación y del algo-hay-que-hacer legitimen a los verticatos y la patronal. Con CCOO y UGT soy optimista, creo que suscitan la misma adhesión que suscitaba el Sindicato del Movimiento en los últimos años de Franco: una adhesión burocrática, posibilista, sin ningún atisbo ya de romanticismo o de épica. Muchos son los de izquierdas que odian a los verticatos tanto como a Rajoy. Contra la patronal, sin embargo, no he oído entre los empresarios españoles muchas quejas (no les interesan unas negociaciones no colectivizadas... me río yo del libre mercado salvaje al que algunos piensan que aspiran).

En definitiva, la necesidad psicológica del pataleo o la rabieta es algo asumido por las masas sociales, presente en la mente de los españolitos. Podría ser peor, mucho peor. En otros países, además de manifestarse y holgar alaban a algún líder carismático (Perón, Perón ¡Qué grande sos!). No hemos caído tan bajo, todavía no les ha dado por encontrar un mesías. Por ello, tomémonos esta jornada como el trámite  que hay que pasar, como cuando en los pueblos había que ir a ver la procesión de la patrona y no abrir la taberna. Bueno sí, está en juego un día de salario, pero creo que todos somos ya mayorcitos como para que nos amedrenten unos pocos sindicalistas amaestrados, cincuentones y barrigudos a la puerta de tu lugar de trabajo. Al día siguiente sólo quedará un rastro de pegatinas sindicales adornadas con los colores republicanos o autonómicos y un sinfín de tertulias exasperantes en los medios de comunicación. Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la huelga.


martes, 6 de noviembre de 2012

Un tarde en la estación

Es entretenido sentarse en la sala de llegadas y salidas de una estación de trenes. Ves gente de todo tipo, y de lugares muy distintos. Mientras llegaba a la estación de Santa Justa (que digo yo, la pobre Rufina también tiene derecho a que se le reconozca su martirio y santidad), a esa inaccesible estación para el peatón común a menos que esté dispuesto a sortear carriles bici solitarios, coches mal aparcados, jaramagos nacidos de la desidia y áreas inmensas de losetas estilo "plaza de tiananmen", pensaba que, para un extranjero, la sensación debe de ser la de una ciudad de un país extraño, anclado en otro mundo, uno esos sitios donde no probarías el agua del grifo ni comerías las castañas de un señor ambulante... incluso miras con escepticismo a los taxistas que se concentran alrededor de lo que les permite llevar el pan a casa, ¡Qué lengua tan ruidosa, a JIerro me suena, con tanta acentuaCIÓN en cada expreSIÓN!

Dentro la sensación cambia un poco. Todo es más aséptico, más estándar, quizá más europeo, expresión mágica que lo mismo vale para definir al diario independiente de la mañana como al nuevo partido de Álvarez Cascos. Me siento sin esperar la llegada de ningún tren ni de ningún familiar o amigo, simplemente a mirar. El tiempo, mal que bien, se va matando, mientras pienso que eso de que la globalización nos iguala a todos no lo tengo nada claro. Quizá nos destierre de nuestras tradiciones, pero lo que es igualarnos...

Cada persona tiene un círculo social que le rodea, y los círculos son tan múltiples: ejecutivos, inmigrantes, sevillanos de rancio abolengo, modernitos de urbanización con piscina, bohemios, canis de polígono, intelectuales, padres de familia, ancianos que juegan a la petanca... y todos están ahí en un sólo golpe de vista, sentándose los unos a lado de los otros (normalmente dejando un púdico asiento vacío de por medio). La policía da vueltas por el lugar, y uno de ellos se dirige a dos canis que acaban de entrar pidiéndoles el carnet. ¿Tiene sentido? No lo sé, la seguridad es un tema muy complicado. No puedo oír lo que dicen, contemplo la escena como un programa de televisión con el volumen bajado. Al rato, el poli les deja irse tranquilamente. Supongo que habrá sido algo rutinario. Tanto para el agente como para los canis.

Hay unas chicas que se dedican a promocionar algún tipo de oferta de empleo (¡En estos tiempos!), a juzgar por lo que preguntan a los hombres que están por aquí. Parece que buscan un perfil maduro, así que no seré objetivo suyo. Llevar camisa de rayas no es suficiente. Me pregunto por qué estas chicas se echan tanto rímel en los ojos, no me parecen especialmente atractivas salvo una, que parece saber arreglarse y no va de Deborah y Jenny de los Morancos.

Una familia se sienta en la fila de delante mía (perdón, de delante de mi, dejes de la tierra, ya saben). El niño abre una bolsa de algún snack y empieza a comer. Sólo le veo parcialmente el perfil, pero contemplo como va introduciendo los pseudoalimentos en su boca. Carbohidratos por un tubo, destinado a dar grasa a un cuerpo ya grasiento. En fin, no entiendo cómo unos padres dan de merienda un bolsa de como se llame eso y una fanta (por Dios, que no lo lean en el ministerio de sanidad, a ver si creen que les estoy dando la razón).

Decido que ya es hora de hacer algo productivo y me levanto. Camino en dirección a la puerta de salida no sin echar un mirada en derredor para ver si veía a la chica guapa de la oferta de empleo. Mala suerte, no estaba por allí. A la salida me encuentro con lo mismo, una ciudad que puede parecer extraña. Definitivamente lo tengo claro: la estación de Santa Justa está muy mal ubicada y es inncesariamente mastodóntica. Un producto de la megalomanía de una ciudad que pretendía modernizarse a base de presupuesto vía Expo92, y ahora miren cómo está la Cartuja, que da pena verla.

Dejo la tierra de nadie que rodea la estación (¡Qué de seto, qué de barrizal, qué de loseta quebrada!) y vuelvo al día a día de la urbe. La tristeza de la ciudad post-Expo92 no me deja, o si no, miren esas extrañas estructuras metálicas de Juan Antonio Cabestany, oxidadas, pintarrageadas, y finalmente enrejadas para evitar botellones. Camino ahora por lo que fue el antiguo ferrocarril que llegaba desde el norte a la estación de Cádiz, y de allí continuaba hacia la Tacita de Plata, convertido ahora en un conato de avenida. Fue lo de la Expo lo que quitó las vías, liberando a la ciudad del estrangulamiento urbanístico que sufría, a costa de avanzar como avanzan las malas locomotoras, con mucha leña y poco rendimiento.


domingo, 28 de octubre de 2012

Nos cambian la hora


Hubo un tiempo en el que la hora la marcaba el Sol. En cada comarca, las campanas de las iglesias o los relojes solares indicaban en qué hora se encontraban sus habitantes, por lo tanto, la variación entre zonas como Menorca y La Coruña, puesto que el Sol no se encuentra a la misma altura al mismo tiempo, era considerable. En algún momento del siglo XIX se establecieron los husos horarios como una manera más racional de indicar el tiempo, y grandes porciones de territorios, al dictado de los gobiernos, cambiaron su hora solar exacta por la hora oficial. La variación normalmente no era excesiva, claro: el mediodía todavía coincidía más o menos con la mitad del día y la medianoche con la mitad de la noche.

En 1918 se establece la primera norma que indicaba el cambio de la hora a otra diferente a la del huso horario correspondiente. El objetivo, ahorrar carbón. El argumento es por todos conocidos, aunque en nuestros días no se aplique al carbón: si hay más luz por la mañana, que es cuando (se supone) la gente trabaja más, y que es la actividad humana que (se supone) más energía emplea, se ahorra. Y más tarde aún, ya centrándonos en España,  el gobierno de Franco decretó que el horario no debía coincidir con el de Inglaterra según marcaba nuestro huso, si que debía ser el de Alemania e Italia. Así que si a esta medida le sumamos el cambio en los meses de verano, resulta que durante la mitad del año la variación respecto a  nuestra hora ideal es de ciento veinte minutos.

Podría hablar de la opinión que me merecen los argumentos para pasar de horario de invierno a horario de verano, pero prefiero asombrarme de la capacidad que tiene una normativa de establecer las reglas de la vida de miles de personas. Es decir, si hoy, domingo 28 de octubre, nadie echara cuenta de cambio alguno y siguiera usando el cómputo del día anterior, ¿qué pasaría? No es lo mismo que cuando te detienen por comprar marihuana o tratar de guardar para ti el 100% de lo que ganas, porque no va a haber ningún policía que se ponga a ir detrás de la gente haciendo que cambie las manecillas del reloj. Es una medida (sin duda no muy importante comparada con otras) que da muestra del control que el estado tiene sobre la sociedad actual, un control que sería impensable en otras épocas. Personalmente, pido que cuando llegue el verano de 2013 no se adelanten los relojes para que la diferencia entre nuestra hora real y nuestra hora reglamentada por el huso horario sea de sólo sesenta minutos, y que cuando llegue el otoño de 2013 se atrase una última y definitiva vez el reloj. ¿Qué pasa? ¿A todo el mundo debe gustarle que haya luz en junio a las 10 pm? Pues a mí no, a mí me gusta que el mediodía coincida más o menos con la mitad del día y la medianoche con la mitad de la noche.

Quizás así acabemos con los crónicos problemas de sueño de gran parte de la población española.

lunes, 15 de octubre de 2012

Fiesta Nacional

En general, los estados occidentales basan gran parte de su legitimidad en una mitología de liberación nacional o política, un cuerpo ideológico-sentimental que hace al ciudadano medio sentirse partícipe de dicho estado. Gracias a esto, las sociedades políticas mantienen su estructura territorial y de población de manera estable, aún cuando sus mecanismos de funcionamiento marchen de forma un tanto precaria. El Estado francés tiene la Revolución Francesa, el Estado italiano tiene la Unificación Italiana, los estados del Continente americano tienen sus Procesos de Independencia. Esto es así igual que durante lo que llamamos Antiguo Régimen los fundamentos de la legitimidad fueron el trono y el altar. Ahora, liberación nacional y democracia.

Me temo que, según este esquema, e independientemente de que sea justo o correcto tal punto de partida, la idea-fuerza dominante  dice que defender lo español es algo disociado de defender la democracia, y a veces contrario. No es cuestión de que los que nieguen la Nación española sean mayoría, sino que la negación está latente en la sociedad, y muy especialmente en la izquierda. Sin duda tiene que ver con la mirada retrospectiva al régimen de Franco: aunque españoles y antiespañoles entienden y razonan que puede existir un españolismo democrático, subyace a nivel inconsciente e instintivo la noción de que el más ardoroso defensor de la patria española siempre será un franquista, tan arraigado como que el más ardoroso defensor de la patria vasca será siempre un etarra. He hablado de la izquierda, pero tampoco puedo dejar de maravillarme de esa derecha que vocifera que Cataluña es España para acto seguido gritar puta Cataluña.

También veo sintomático que el día de la Fiesta Nacional sea la conmemoración del descubrimiento de América (con todo lo respetable que tenga esa fecha) y que lo que hubiera servido de mitología patriótica, el levantamiento del 2 de mayo de 1808 y la subsiguiente Guerra de la Independencia no pase de ser fiesta en una provincia: Madrid. Siendo honestos, los bicentenarios del levantamiento en 1808 y de la Constitución de Cádiz de 1812 han pasado sin pena ni gloria cuando tienen los ingredientes necesarios para ser considerados episodios fundacionales del país. Es como si la conmemoración de la toma de la Bastilla mereciese sólo un día no laborable en la ciudad de París. En cambio, se ha intentado desde los poderes públicos, aparte del 12 de octubre, fomentar el Día de la Constitución, como una manera de democratizar el orgullo nacional, sin mucho éxito (no veo a nadie con escarapelas como en Argentina ni tirando fuegos artificiales como en USA).

Que cada uno se tome esta entrada como una queja, un regodeo o una chorrada. En realidad, mi obstinado individualismo, libertarismo y anarquismo me hacen no mover un sólo dedo pro de legitimar el estatismo (sea el catalán, el español, el de la UE o el de la ONU). Reconozco que a veces me gusta jugar a regeneracionista e idear modelos de estado que pudiera funcionar en España, quizás escriba sobre eso algún día. Mi mitología tiene que ver con lo que defendía Lysander Spooner, cuyo iusnaturalismo no encaja con mi materialismo, pero nadie es perfecto:


En verdad, en el caso de los individuos, su voto real no se debe tomar como prueba de consentimiento, incluso en ese momento. Por el contrario, deber ser considerado que, sin que su consentimiento haya sido solicitado un hombre se encuentra rodeado por un gobierno al que no puede resistirse; un gobierno que le obliga a pagar dinero, dar servicio, y renunciar al ejercicio de muchos de sus derechos naturales, bajo pena de pesados castigos. Él ve, también, que otros hombres ejercen esta tiranía sobre él por medio de la papeleta. Ve además, que si él mismo utiliza la papeleta, tiene alguna oportunidad de aliviarse a sí mismo de la tiranía de los demás, sometiéndolos a ellos a la suya. En resumen, se encuentra a sí mismo, sin su consentimiento, situado de tal manera que, si usa la papeleta, puede volverse un amo; si no la usa, debe convertirse en un esclavo. Y no tiene otra alternativa más que esas dos.

martes, 9 de octubre de 2012

Sabina sigue amándola


La visión piadosa que Joaquín Sabina tiene de Like a Rolling Stone de Bob Dylan:



Ahora es demasiado tarde, princesa. Búscate otro perro que te lame, princesa. Maldito sea el gurú que levantó entre tú y yo un silencio oscuro del que ya sólo sales para decirme “vale, déjame veinte duros”. Ya no te tengo miedo, nena, pero no puedo seguirte en tu viaje. Cuántas veces hubiera dado la vida entera por que tú me pidieras llevarte el equipaje.










You used to laugh about everybody that was hangin’ out. Now you don’t talk so loud, now you don’t seem so proud about having to be scrounging your next meal. How does it feel? How does it feel? To be without a home? Like a complete unknow? Like a rolling stone?

Bob Dylan es triunfal e hiriente, sin duda disfruta de ver sin rumbo y perdida a quien antes se mostraba altiva y vividora. Cuando cantas Princesa, sin embargo, lo haces con un poso de amargura melancólica.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Loquillo


Loquillo - Political incorrectness (2011)

Autor de la letra: Luis Alberto de Cuenca y Prado*

*Filólogo y poeta. Ha ocupado cargos de libre designación durante el gobierno de José María Aznar como director de la Biblioteca Nacional de España y secretario de estado de cultura.

La apelación a liberarse de lo políticamente correcto, tan común en una derecha que es acusada de neoliberal cuando quisiera serlo de liberalismo, motejada de Torrente cuando quisiera ser Rocky. La voluntad de ser rebeldes frente a los rebeldes. Sin embargo, es de suponer que si pudieran tener la hegemonía social se acabaría la provocación hacia lo establecido, la cual dejaría de ser graciosa y pasaría a ser apología (¿del terrorismo? Recuerden Egunkaria).





Loquillo - La Mala Reputación (2012)

Canción original: Georges Brassens
Versión en español original: Paco Ibáñez*

*Cantante, ha hecho numerosas versiones musicales de poemas en español. En la campaña electoral de 1982 realizó un concierto en Madrid ante miles de personas en el último mitin del PSOE.


Los mejores desbaratando los argumentos legitimadores de los sistemas políticos de derechas apelando a la libertad... y los mejores proponiendo acabar la opresión con la opresión máxima, la explotación con la explotación máxima. Para muestra, un dato: el bando de la libertad durante los cuarenta años de Movimiento Nacional estaba liderado por el PCE. En cuanto a la canción, tan libertaria, le era imperioso tomar partido por el ladrón pobre frente al rico robado: la herencia católica o el krausismo renovado, ya no sé lo que es.

Postdata: Loquillo es uno de los grandes y canta como el sobaco de Camacho.