Deja de resolver todas las cuestiones con un al final todos estaremos de acuerdo. ¿De
acuerdo en qué? Ni el pueblo, ni la raza, ni la clase. No hay acuerdo universal
posible. Dejen la conciencia de solidaridad humana para aquellos que la
sientan, y a los demás déjenlos en paz. Porque no, no hay una solución que
sirva para todas las criaturas que pueblan el planeta.
Mi lucha puede no ser tu lucha, quizás sí, pero no lo des
por supuesto.
[Agrupémonos todos en
la lucha final]. Seguramente lograrás agrupar a muchos usando toda clase de
convicciones y coerciones, pero aunque Ledesma Ramos, envuelto en su delirio
triunfante de camisas negras, hablara de la muerte del individualismo, éste aún
sobrevive a pesar de todo.
Es cierto. En muchas ocasiones hay que tener más cuidado con
los nuestros que con los de enfrente.
Tampoco es conveniente reírse con aires de superioridad al ingenioso que dijo
aquello de ten cuidado con tus utopías no
vaya a ser que se hagan realidad. Esos queridos nuestros que con un par de a
priori y unos pocos más de dogmas han resuelto el mundo sin ver cómo con
sus verdades se encierran en sus torres de marfil.
[El bien más preciado
es la libertad, hay que defenderla con fe y valor] Libertad, ¿para qué? Se jactaba Lenin ante un krausista hispano
viajero en la Rusia sovietista. Pues él fue de los inteligentes, de los que
entendía cómo funcionaba el mundo para vergüenza de tanto curita (regular,
secular o laico), aunque por supuesto también pensaba poner a todo el mundo de
acuerdo, quisiéranlo o no. Y contra él combatiremos. Pero lejos de santificar
la voz libertad, me quedo con Max
Stirner: Yo. La propiedad. La individualidad.